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El Maestro Tabárez y la pasión xeneize: “Boca les regala a sus hinchas cosas que la vida no les da”

MONTEVIDEO. – “No pido piedad: solo aspiro a que haya gente que crea en esto…” Casi en puntas de pie se presentó Oscar Tabárez hace más de una década como técnico de la Celeste. Parte II, porque ya la había dirigido entre 1988 y los octavos de final de Italia 90. Proponía una revolución: los resultados a corto plazo no serían lo importante. Uruguay estaba en el sótano, no se había clasificado para los mundiales de 1994, 1998 ni 2006, y en Corea-Japón 2002 se despidió en primera rueda. Cuentan que Tabárez comenzó por recordarles el país que habían sido. A desempolvar valores oxidados. La fiesta popular que desató el cuarto puesto en Sudáfrica 2010 le dio propulsión a una idea que trascendió la cancha. Lo resume una anécdota: antes de la Copa América 2011, a Diego Lugano, capitán charrúa, le robaron un bolso de su auto. Cuando los ladrones descubrieron la identidad de la víctima, devolvieron todo en la puerta del Complejo Celeste. Era el bolso del capitán. Entre dólares y documentos, estaba la biografía del Negro Jefe, de Obdulio Varela… De repente, todo tenía sentido. Si Tabárez hizo escuela, se debe a un plan maestro. Dicen que Tabárez fue el motor cultural de algo que se sospechaba olvidado. Él lo negará, claro. “El Banco de Seguros del Estado invitaba a la gente a que escribiera cartas durante el Mundial de Sudáfrica, y al final editó un libro con todos esos textos. Leí una por una las cartas –relata el Maestro–. Una señora de 82 años me escribió: «Yo odiaba el fútbol, nunca me gustó el fútbol, pero escuché el partido con Ghana, y cuando Uruguay ganó…»”. El Maestro Tabárez se emociona por segunda vez en la charla con la nacion. Y continúa con el relato de la abuela: “«…Sentí unas ganas de salir a abrazarme con la gente. . . », confesaba allí la señora, y esa es la cultura futbolística de un país. En algunos países no pasa, pero en la Argentina, Brasil y Uruguay, pasa. Hay diferentes grados, pero los máximos grados de cultura futbolística se dan cuando el fútbol es parte importante de la identidad de la población de un país. Y no solo para los aficionados, sino también para una anciana de 82 años que nunca había gustado del fútbol y, sin embargo, participó de una cosa colectiva que se basaba en resultados deportivos. Entonces... esas cosas me halagan…”. Las sucesivas clasificaciones de Uruguay a las Copas del Mundo de 2010, 2014 y 2018 se encargaron de darle brillo al proyecto. Tabárez insiste en desafiar el resultadismo, por eso la búsqueda debe ser mucho más profunda. “Tengo guardada una foto que nunca la pude ampliar… Cuando volvimos de Sudáfrica hubo un recibimiento increíble y salimos en un colectivo a saludar. En la imagen yo estoy con el brazo extendido por la ventanilla y aparece la manito de un niño, al que no se le ve la cara. Y se están por tocar las manos... Esa fotografía tiene un gran valor simbólico…”. Los ojos de Tabárez se humedecen por tercera vez. “. . . Los fotógrafos son unos leones, y en el final del partido con Bolivia, ahora, cuando nos clasificamos para Rusia 2018, yo estaba muy emocionado, y un fotógrafo me sacó con el brillo en la mirada y atrás, fuegos artificiales. Y me la trajo en un cuadro acá, al complejo, con su mujer y un niño recién nacido… Todo eso me llega mucho”. Y se queda unos segundos con la vista clavada en un punto de la sala y la mente vaya a saber dónde. –¿Qué ha significado el fútbol argentino en su vida? –Me permitió salir de cierto cliché cultural. Yo de niño siempre había escuchado que los porteños eran todos unos agrandados, y cuando decían porteños hablaban de todos los argentinos… Error. La manera en que me trataron y me respetaron en la Argentina ha sido excelente. ¿Que son muy extrovertidos? Sí. ¿Diferentes a nosotros? También. Nuestra manera de ser muchas veces merece elogios, pero también nos dicen que somos muy grises, que siempre estamos ahí en la tabla rasa… Y llegué a una gran conclusión: serán lo que serán, que no me consta, pero cuando una persona hace algo que le da felicidad a ese porteño, siempre se la recuerda, no se olvidan nunca más ustedes. Y nosotros no sé si tenemos algo así, porque vivimos pendientes del “ah, pero…”, “ah, sí, pero aquel tomaba, pero aquel tuvo tal error en la vida...”. Ustedes, no. Eso, lo primero. Y en el terreno futbolístico… Boca. Boca fue una de las grandes experiencias que tuve en mi vida, especialmente por el fenómeno Boca, por su hinchada. Y le aseguro que es real la sensación de movimiento en la Bombonera. Cuando me invitaron para los 100 años tenía mis dudas de ir… pero fui. ¡Y cómo me trataron, qué reconocimiento…! Creo que Boca les regala a sus hinchas cosas que no les da la vida, porque no es gente de los sectores privilegiados de la población argentina, y les dicen negros, bolivianos, esto y lo otro. Será porque en cuestión de fútbol no los pueden atacar por ningún lado porque el club ha conseguido cosas importantísimas. Los argentinos son distintos en eso: cuando nos tocó salir campeones, vi cajeros de banco trabajando con la camiseta puesta, y eso no lo volví a ver en ningún otro lado del mundo. Y lo hacen y lo aguantan: uno no ve crímenes por esto, aunque el fútbol es muy pasional allá. Lo sobrellevan. –Y a Boca le tocó volver entre los dos primeros ciclos de Bianchi, la etapa más exitosa del club... –En momentos cercanos a los que estuve yo, también estuvo Bianchi, que hizo cosas magnificas, de otra dimensión, y sin embargo me recuerdan muy bien en Boca. Es cierto que en la primera etapa ganamos títulos, pero también en 2002…, ese partido con Independiente, el gol de Pusineri…, podríamos haberlo ganado a ese campeonato… Y el primero que dijo algo al respecto fue el propio Bianchi, cuando volvió a club. Ya le pedían otra Copa Libertadores cuando él frenó a los periodistas: “Ojo, que yo estoy acá por 5 minutos, si hubiese pasado otra cosa en esos cinco minutos contra Independiente, yo no era el entrenador de Boca”. Y fue importante para mí. Luego se redimensionó esa segunda etapa, más allá de que el hincha de Boca quiere ganar y otra cosa no lo conforma… Es el paso del tiempo el que reconoce las cosas. –“Yo dirijo personas y las únicas estrellas que conozco están en el firmamento”, comentó cierta vez. ¿Siente que el fútbol se ha vuelto más individualista y descuida las relaciones humanas? –Nosotros también tenemos eso que llaman estrellas, pero depende mucho de la conducción. Del tipo de convivencia que se les proponga. Ellos son ejemplo para los que están en la época de las grandes ilusiones, que son los niños. Cuando vienen Suárez, Cavani o Godín, son como todos, y participan de las cosas como todos. Luis está acá y se desespera por un partido de truco y a veces se va a dormir enojado por un partido de truco. Y en sus cuartos están de a dos, y cuando vamos a hoteles podríamos pagar habitaciones individuales, pero no, están de a dos. Un equipo que tenga cosas comunes se nota. Y no es necesario que todo pase por el entrenador. Estoy seguro de que los grandes han tenido muchas charlas con los nuevos y yo ni me he enterado. Y estoy seguro de que ahí les han dado todo el apoyo. Se sorprendería, pero a esas estrellas, que les dicen, les interesa ser tratadas como uno más. Ser tratado como algo de otro pozo, aunque en cierto sentido sea algo halagüeño porque juegan mejor que todos los demás, a veces cansa. Que lo traten de manera distinta cansa, la normalidad tiene cosas muy importantes para el desarrollo de las personas. ß

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