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"Si la carpeta era de Boca, igual se la daba a Gallardo, ja"

Brian es barrendero. Una semana antes de la primera final de la Libertadores halló en un cesto de basura el plan de MG para ganarle a Boca. Al deté se lo habían robado y él lo rescató. Esta es su increíble historia.

"Esto es todo obra del destino. Bueno, mejor dicho, de Dios, por eso le doy gracias y gloria... Yo, en decir verdad, en el destino no creo. Sí realmente creo que algo tuvo que ver Dios...”. Marcelo Gallardo tuvo -y tiene- un Dios aparte. Se llama Brian Ángel Velázquez y, mientras se sirve un vaso de Coca Cola en la terraza de su casa de José C. Paz, dicta el prólogo de su historia. Olé lo transcribe tal cual. Está vestido con su ropa de laburo: un chaleco verde flúo, con cintas refractantes. Es barrendero, Brian. Hace cinco años que ejerce en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, a dos horas de su hogar. De su vida. De Carla, su esposa, y de Mateo, su nene de seis años. “Salgo de casa a la nochecita. Me tomo el colectivo hasta San Miguel, después el tren hasta la terminal de Lacroze y completo el viaje en subte”, dice. Sin embargo, Brian también está lookeado con otro uniforme, el de su pasión. El de River. Nacido en el barrio Ejército de los Andes, conocido como Fuerte Apache, desde pibe su vida estuvo ligada a la banda. Iba de pequeño con su viejo a la cancha. “Me compraba los piluso, y yo entraba a la cancha a cococho de él”, recuerda. La sonrisa por un rato se le desdibuja. Y es que su papá falleció una tarde mientras viajaba precisamente al Monumental. “Hubo una gresca de borrachos en el tren, lo empujaron y cayó de la formación a la altura de Boulogne”, dice. Le duele, el recuerdo. Todo en su vida gira en torno a River. Su chaleco entreabierto permite ver que a la altura del pecho de la camiseta violeta hay una firma de trazos plateados que brilla ante los flashes de la cámara. Dice “Marcelo Gallardo”. No se trata de un autógrafo más, sino de uno de los premios que Velázquez se ganó por haberle salvado, literalmente, los papeles a Gallardo: en la madrugada del 17 de noviembre, en un cesto de basura ubicado en Avenida Córdoba y Aráoz, encontró la planificación completa que el deté había realizado para la final ante Boca. A “su” Napoleón le habían robado su portafolios algunas horas antes. Él halló ese tesoro invaluable. Y lo devolvió. -¿Qué recordás de esa noche? -Que todo fue obra de Dios... Porque cuando llegué a trabajar aquel sábado a la madrugada, mi superior me llamó y me dijo que necesitaba que le cubriera una ruta diferente a la que yo trabajaba. Yo no tuve problemas. Era una traza de 11, 12 cuadras sobre Avenida Córdoba, entre Aráoz y Scalabrini Ortiz. Acepté. Cuando salí de la oficina de mi jefe, un compañero me pidió que le intercambiara los recorridos, pero algo en el corazón me dijo que no. Y terminé yendo a cubrir justo ese cesto... -¿Cómo encontraste los papeles? -Cuando llegué a la esquina de Aráoz y Córdoba vi una carpeta de River que sobresalía de un cesto papelero. Cuando yo encuentro algo de River, siempre me lo guardo para adornar el carro. Entonces, me llamó la atención y las saqué. Eran cinco, y estaban llenas de papeles. Las dejé en el piso, vacié el canasto, guardé los folios en el depósito del carro y seguí caminando. Pero a las dos o tres cuadras me dio curiosidad... -Y las abriste. -Sí. Y apenas lo hice, me sorprendí: vi flechas, figuras de jugadores, anotaciones que decían “Benedetto, Montiel, Martínez Quarta...”. Estaban los detalles de las marcas personales, de cómo debían moverse los jugadores... ¡Había encontrado toda la planificación para las finales! Además, estaba el pasaporte de Marcelo. Al principio pensé que se trataba de una broma, pero me di cuenta que era real porque estaba todo sellado por los viajes... -¿Y qué te pasó? -Me largué a llorar y me compré un paquete de puchos. Tenía unos nervios... Volvía en el tren y la mochila pesaba toneladas. Me desesperaba por mirar los papeles de nuevo, pero no quería que me los robaran. Brian llegó a su casa entrada la mañana. “Eran las seis y media cuando entré con las piernas flojas. Y empecé a pensar en cómo ubicar a Gallardo: evalué ir al estadio, a su casa... ¡Tenía el as de espadas en las manos! Entonces esperé a que se hicieran las ocho y llamé al club, me atendió una telefonista y le conté todo. Me pidió discreción, que por favor no subiera nada de nada a las redes sociales, y que el cuerpo técnico iba a comunicarse conmigo”. -¿Y pasó eso? -Media hora más tarde me sonó el teléfono. Era Mariano Barnao, el gerente de fútbol del club. Me agradeció que hubiera tenido un gesto tan noble y me preguntó cómo podía retribuírmelo. Yo le dije que era de River. Me ofreció enviarme un remís para que le entregara los documentos, y que él me invitaría a ver a los jugadores y a Marcelo. Le planteé que prefería darle en mano los papeles. Entonces, me dijo: “No se diga más. Venite a River Camp, nosotros te pagamos el viaje”. -Y allá fuiste... -Sí. En los alrededores del predio había muchísima gente, porque faltaba poco para la final de ida. Era todo una locura. En el portón me recibió Luis Valla, el seguridad del plantel, y me dijo: “Te estábamos esperando”. Me hicieron esperar en la sala de prensa y, al ratito, me invitaron a pasar por un pasillo que se me hizo eterno. Hasta que lo vi a Marcelo... -¿Qué fue lo primero que te dijo? -Me dio las gracias varias veces. Y me dijo que era un groso, ja. Después, nos quedamos hablando varios minutos. Lo abracé, lo besé, lo volví a abrazar... Él me palmeaba la espalda porque se ve que yo, de la emoción, lo estaba apretando mucho, ja. Lo único que le pedí fue que ganáramos la Libertadores. Él me miró a la cara y me respondió: “Quedate tranquilo que esa Copa es nuestra”. Eso me dio mucha tranquilidad. Me regalaron varias cosas. Entre ellas, una camiseta firmada por él. Y conocí a todos los jugadores. No sabés lo buenos que son esos muchachos, cómo abrazaban y saludaban a mi nene... Fue increíble. Al tiempo volví a encontrarme con ellos y Juanfer Quintero me obsequió su camiseta, la del golazo a Racing... -Cuando veías los partidos, ¿recordabas las carpetas, todo lo que viviste? -Sí, me acordaba de lo que había escrito Gallardo sobre Martínez Quarta y Montiel, por ejemplo, de todo lo que tenían que hacer. El esquema y la táctica que habían ideado pedía que Montiel estuviera bien pegado a la banda, jugando abierto por la derecha y llegando por la punta. Veía el desarrollo del juego y recordaba cómo tenían que moverse Nacho, Pratto... ¡Y lo hacían igualito que en los papeles! -Eran papeles valiosos... ¿Y si la carpeta era de Guillermo Barros Schelotto, qué hubieras hecho? -Si la carpeta era de Boca, se la daba a Gallardo igual, ja. Era una final de América y había que ganarla.

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